Paseo de la Alameda del Parral+ Jardines Romeral de San Marcos + vistas panorámicas

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Paseo de la Alameda del Parral+ Jardines Romeral de San Marcos + vistas panorámicas

Caminamos desde Vía Roma hacia el Alcázar a través del Paseo de la Alameda. A nuestra izquierda discurre silencioso en su recorrido hacia el Duero y más tarde, hasta el azul Atlántico, el milenario río Eresma. Curiosamente su nombre que procede del celta ”Iri Sama” y significa ”rodea la gran ciudad” se refiere a la que en la edad antigua se llamaba ”Cauca” y hoy en día conocemos como la histórica ciudad de Coca.

El paseo de la Alameda del Parral es fresco y verde en verano, exhuberante en primavera, cálido en otoño y tan azul y frío en ivierno como impresionantes son sus vistas a los pies de la muralla.

Alameda del Parral, a la vera del Eresma y a la sombra del Alcázar, donde Machado gustaba de ir a pasear en Segovia.
Alameda del Parral, a la vera del Eresma y a la sombra del Alcázar, donde Machado gustaba de ir a pasear en Segovia.

Entre sus álamos serpentea un camino llano, cómodo y seguro para cualquiera. Apenas un kiosko a medio camino, alguna fuente y el jolgorio de las aves de ribera.

Pasado el kiosko, en la pared derecha, al otro lado de los árboles encontramos una verja metálica normalmente abierta con un pequeño cártel: Romeral de San Marcos.

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Extrañamente exótico, este jardín aterrazado trepa por una pared natural tallada por el río que se corresponde con la opuesta a la que sostiene la ciudad de Segovia.

Especies endémicas se mezclan con naranjos, palmeras y jazmines. Arriba del todo unas vistas únicas del Alcázar y sus jardines.

Además, si tenéis suerte, encontraréis cerca a la viuda del diseñador original, ella podrá contaros mejor la historia.

Al final del paseo del Parral llegamos a una pequeña presa en la que se ensancha el río y parte de su caudal se encauza para aprovechar su fuerza motriz en el molino de la antigua casa de la moneda, que también puede visitarse. Pero nuestro recorrido continúa sin llegar a cruzar el puente,  un giro hacia la derecha y una cuesta empinada.

Una vez arriba dejamos a nuestra derecha  el monasterio, envuelto en su místico silencio, sigue siendo el hogar de la orden de los Jerónimos.

Continuamos subiendo por una rampa pedregosa que termina siendo un pequeño caminito el cual, trás unos 8 kilómetros, desemboca en la curiosa iglesia de la Vera Cruz, de planta octogonal, construida en el siglo XIII.

Pero lo que yo quiero mostraros no requiere más de cinco minutos por el paseo y un par de ojos muy abiertos. A nuestra izquierda, al otro lado del valle del Eresma, una de las panorámicas de la Segovia histórica más impactantes (fotografía principal).

MC

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