El primer turista que contó su viaje a Segovia

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El primer turista que contó su viaje a Segovia

Ha venido a parar a mis manos un libro precioso: “Un Paseo Literario por Segovia” escrito por el catedrático y actual profesor Jesús Pastor Martín, que además es un segoviano encantador, y que tengo la suerte de haber conocido durante mis estudios en Segovia.

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Portada de Un Paseo Literario por Segovia

Es un libro hecho para la primavera, para estos días de empezar a desprenderse de los abrigos, de sol hasta las nueve de la noche…

De la mano de sus letras nos sumergimos en una Segovia llena de literatura. Cada rincón tiene su historia y cada ruta propuesta es un camino que fue paseo de inspiración para grandes como Andrés laguna, Pío Baroja, Lope de Vega, Quevedo, Rubén Darío…

Sobre estos paseos profundizaré algún día, pero hoy he venido a hablaros de alguien del que llevaba mucho tiempo queriendo contaros y cuya anécdota ocupa el primer capítulo de Un Paseo Literario por Segovia.

Pastor nos habla, nada más empezar, del primer viajero conocido que pisó por nuestra tierra dejando constancia por escrito de lo que sus ojos veían.

Me refiero a Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Este escritor, del siglo XIV, para los que anden un poco perdidos, fue el autor del famoso Libro del Buen Amor.

El arcipreste solía hacerse a sí mismo protagonista de sus andanzas, las cuales siempre justifica con mucha guasa y mucha cara.

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Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

A Segovia fue en busca del amor, para curarse de algunas desventuras. Aunque según unos versos algo confusos se ha supuesto que hace referencia al acueducto como su razón inicial para viajar a la capital…

Después de esta aventura fuíme para Segovia

Y no para comprar a la Chata una joya:

Para ver la costilla de la serpiente groya

Que mató al viejo Rando, según dicen en Moya…”

Pero, como Pastor nos cuenta… si hay algo que le impresionó no fue su catedral, ni las torres de su alcázar, ni su imponente arquitectura romana, no, un poco sí lo fue la gastronomía segoviana, pero sin duda él con lo que se quedó fue: con las mujeres serranas.

Sus amoríos le hicieron dar una buena vuelta de regreso a casa, para evitar cumplir las promesas y las excusas de las joyas con las que había escapado de los brazos de las mujeres de la montaña: “Torné para mi casa luego al tercer día, Mas no vine por Lozoya, que joyas no traía”.

No podemos decir que sus referencias sean de lo más honorables, pero su relato nos hace reír, ¡no perdió el tiempo! Aunque tampoco tuvo mucha suerte… “Tenía la cabeza mucho grande y sin guisa, cabellos cortos, negros, como corneja lisa (…), las orejas, mayores que las del añal borrico…”.

En algún momento se ha hablado de la ruta del Arcipreste, que a su paso por la provincia seguiría los siguientes puntos: Somosierra, Puerto de Lozoya, Puerto de Malangosto, Sotos Albos, Valdevacas, Segovia, Riofrío, Ferreros (Otero de Herreros), Venta Cornejo, Puerto de la Fuenfría, Valsaín, Campo Azálvaro (en El Espinar) y Tablada.

En la ciudad se le recuerda en el mirador del postigo del Consuelo, desde el cual se vislumbra toda la sierra que recorrió.

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Porstigo del Consuelo

Son tantos los viajeros que desde lejanísimos rincones del mundo pasean sobre el empedrado de Segovia que sería imposible saber qué es lo que cuentan todos y cada uno de ellos a su regreso.

Si no eres de la tierra pero la conoces, aprovecha y comparte en una frase o palabra (a tu gusto), tu experiencia en la ciudad de Segovia.

MC

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