Japón en Segovia

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Japón en Segovia

Durante este pasado mes de Marzo se han celebrado en Segovia las II Jornadas de Sensibilización sobre la Cultura Japonesa y Necesidades del Viajero Japonés. El objetivo es reforzar la buena relación que ya existe entre nuestra ciudad y este país lejano. Y os preguntaréis, ¿por qué Japón?

Pues mirad, para los japoneses, Segovia es un lugar exótico, lejano y completamente diferente a cualquier lugar en Japón. Por ello y por la confianza que les inspiramos, es de este país de uno de los que más viajeros recibimos cada año.

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Mantener esta relación puede ser complicado debido a nuestras grandes diferencias culturales. Os cuento algunas curiosidades:

Para ellos todo gira en torno al honor: sus gestos, sus palabras, sus reacciones… Consideran que gracias al honor se alcanza un estado social de armonía y paz. Siempre harán aquello que sea “políticamente correcto”.

Una de las maneras más curiosas que tienen de reflejar su deber moral con los demás es haciendo regalos. Son una de las culturas más detallistas que existen, si no es la que más. ¿Sabíais que estos regalos están sujetos a una serie de normas para evitar que el receptor del presente se sienta incómodo? Por ejemplo, el regalo debe representar el valor que tenga la relación entre las personas que se regalan. Además, los deben entregar bien envueltos, siempre llevan alguna etiqueta o dibujo, y se dan y reciben con las dos manos al mismo tiempo que se realiza una breve reverencia con la cabeza. Y… ¡Atención! Muchas veces es descortés abrir el regalo delante de la persona que lo ha entregado, preguntad siempre antes.

Por supuesto, al igual que los ingleses, no paran de decir “perdón” y “gracias” prácticamente por todo. En japonés suenan: “sumimasen” y “arigató“.

Cuando tengas que hablar con ellos no olvides que jamás te van a decir las cosas tal cual las piensan (igualito que nosotros…), siempre darán mil rodeos e incluso muchas veces te quedarás con la duda.

Nunca aguantarán tu mirada durante mucho tiempo puesto que lo consideran una invasión del espacio personal. Por supuesto olvidad el contacto físico, para saludar bastará con una ligera reverencia.

Para señalarse a sí mismos no se señalan al pecho, sino a la nariz. Y para pedir la cuenta levantan la mano con los dedos cruzados. A la hora de hablar tendréis que aguzar el oído, siempre lo hacen muy bajito.

Cuando habléis con ellos podréis pensar que son sosos, que no gesticulan o que os están ocultando algo, ¡no os preocupéis! Es su manera de ser educados: ni sonrisas ni ceños fruncidos.

Son muy exigentes, siempre querrán todo a la última, y les encantan las marcas caras. Si les veis pasear con algún sombrero ridículo o bajo un paraguas en agosto a pleno sol, no penséis que están locos: ¡huyen del sol a toda costa!

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Cuando imaginamos al viajero japonés lo primero que añadimos a sus ojos rasgados es la cámara de fotos.

Les vemos caminar rápido, tomar foto, y seguir su recorrido, sin mirar atrás, muy rápido. A nosotros nos duele, nos da pena porque nosotros somos de caminar despacio por los barrios antiguos, de empaparnos de la historia de cada arco, de cada puerta, de cada catedral y cada jardín. Nosotros viajamos más despacio.

Los japoneses no saben viajar así porque, entre otras cosas, no pueden. Sus vacaciones más largas del año duran entre 5 y 7 días. Son el equivalente a nuestras vacaciones de verano. En esta semana contratan viajes preparados por todo Europa: Oslo, Berlín, Londres, París, Bruselas, Roma, Madrid… y vuelta a casa. Como podéis imaginar no hay tiempo para quedarse embobado mirando la llanura desde la torre de Juan II del Alcázar, y mucho menos si dos de esos valiosos días los tienen que pasar dentro de un avión.

Jornadas de concienciación como estas se celebran en Japón sobre el viajero español y sobre “cómo viajar a España”. Uno de sus principales objetivos es romper con ese ritmo del viaje japonés. Enseñarle que tomarse una caña al sol, pasear por un mercado de artesanía o visitar una catedral por dentro es mucho más enriquecedor que pegar saltos de país en país.

Como veis, en general,  son muy diferentes a nosotros.

Pero lo bonito del viajero japonés es que, aunque haya que tratarle con excesivo cuidado (lo que a veces puede resultar incómodo), realmente él siempre está esperando que le dejemos sumergirse en nuestra cultura, valoran nuestra manera de hacer las cosas (tan diferente a la suya…). Solo debemos ser delicados si queremos gustarles: para ellos un huésped es casi como un dios.

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En Segovia existe el Huerto y Jardín de las Palabras y los Cerezos. Una parada obligatoria para los amantes de la cultura japonesa. Este rincón forma parte del jardín de Miguel Delibes, situado en el Paseo del Obispo.

En este jardín, estudiantes japoneses que viven en Segovia han plantado numerosos Sakuras, cerezo en japonés, su árbol típico, el cual está en plena floración ahora. Además, grabados en las paredes encontramos una serie de Kanjis (símbolos de escritura japonesa) traducidos al castellano.

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Para terminar, os animo a que estéis al día en nuestra web para que podáis disfrutar de experiencias tan curiosas e interesantes como han sido estas jornadas. Y de paso… ¡comentad! Que os echamos de menos… ¿qué opináis? ¿alguna vez habéis tenido que explicar a un japonés cómo llegar hasta el acueducto?

En fin… ¿Quién le iba a decir a cualquiera de nuestros antepasados que algún día nuestra pequeña ciudad entablaría amistad con un país tan lejano?

MC

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