Otoño en Segovia: la fiesta de gala de los árboles.

Otoño en el Alcázar de Segovia

Otoño en Segovia: la fiesta de gala de los árboles.

¿No os es extraño este otoño soleado y sin abrigos?

Es noviembre y en las terrazas la gente toma cañas, han pasado los santos y aún no hemos visto la nieve en las cumbres.

El invierno está perezoso y el sol, que rueda bajo por el horizonte, no quiere despedirse. Parece que nuestros veranillos se están alargando. Pero, ¿es que no lo sabéis? Son los veranillos de San Miguel y San Martín, cada año es igual, lo único que ocurre es que se nos olvida…

El veranillo de San Miguel ya pasó, como siempre puntual, el 29 de septiembre. El veranillo de San Martín es el que aún notamos, empezó el pasado 11 de noviembre y aún llena nuestras plazas de gente.

Aquí siempre nos quejamos de la metereología. Quizás sea esa divertida necesidad humana de tener siempre lo que no tenemos. Ello me recuerda a un refrán muy simpático que dice: Lo que quiere Castilla: llover de noche y sol de día.

Para nosotros San Miguel y San Martín son como un respiro fresco y luminoso, un pequeño milagro antes del largo invierno. Después viene el mutatio caparum definitivo (en latín: cambio de capas, en el cambio de estación), y en nuestro armario los vestidos, camisas y bañadores son sustituidos, de golpe y sin miramientos, por jerseis enormes, botas y bufandas. Hasta entonces las prendas finas habían estado ahí, por si acaso, ahora ya sabemos con seguridad férrea que hasta el 40 de mayo (no te quites el sayo) no voveremos a verlas.

San Miguel es fugaz, nos pilla de refilón y por sorpresa, como su iglesia en la frecuentada calle de los bares. Iglesia en la que se coronó la reina Isabel la Católica el 13 de diciembre de 1474, convirtiéndose en Isabel I de Castilla, y quizás algunos no sepáis que fue ella la que se coronó a sí misma, por eso dicen que fue una autoproclamación; y además, no quiso que asistiese su marido Fernando de Aragón, con el objetivo de dejar bien marcadas las distancias y el reparto de poderes: sin duda, el carácter de mujer castellana lo tenía.

Mi favorito, en cambio, es San Martín, que este año ha querido quedarse más tiempo en casa. Su iglesia, en la plaza de Juan Bravo, nos recuerda a él: a medio camino entre la Catedral y el Acueducto; a medio camino entre el verano y el invierno. Seguro que así ya no se os olvida. Este veranillo ilumina de lleno los colores del otoño, un otoño que en Segovia es la puesta de gala de los bosques.

Los ríos están creciendo, entre las raíces y la hierba nacen las misteriosas setas, la niebla empapa las hojas y las piedras cada mañana, el musgo renace: es la primavera particular del invierno.

Estos días no podemos dejar que se nos escapen los paseos por los bosques de Valsaín, el hayedo de la Pedrosa en Riofrío de Riaza o el del Berrocal de Ortigosa, el Paseo de las Pesquerías, los fabulosos Jardines de la Granja, o en la misma Segovia el bosque de ribera de la Alameda del Parral.

Alameda-de-SegoviaPaseo de la Alameda

Os habréis fijado que hay árboles que no pierden la hoja, otros que la pierden en un abrir y cerrar de ojos, otros que las cambian de color. Este otoño vamos a cazar colores, por eso hoy voy a profundizar en estos últimos: a qué colores cambian, porqué cambian a este color y dónde podemos encontrarlos en Segovia.

En las hojas de los árboles se producen varias sustancias de color (pigmentos), entre ellas:

-Clorofila: la más abundante, proporciona el color verde.

-Carotenoides: dan colores amarillentos y anaranjados.

-Antocianinas: con colores rojizos y morados.

La falta de luz solar en invierno hace que se reduzcan los niveles de clorofila dejando como protagonistas a los demás  pigmentos. Es decir, los carotenoides y las antocianinas se dejan ver.

Voy a Comenzar por aquellos árboles que se tornan amarillos: amarillos como el limón. Yo quiero destacar estos casos:

-El del chopo: el espectacular chopo, además de cambiar el color, va perdiendo sus hojas de forma progresiva desde las ramas más bajas a las más altas dando al inmenso árbol una simetría que me recuerda mucho a las llamas de las velas.

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-El de la primera fase de cambio de los helechos: esta planta milenaria cubre los suelos  más ricos de nuestros bosques y en esta época los podemos ver así:

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-Los robles: antes de que sus hojas queden completamente secas, pardas y aterciopeladas, el roble nos da un pequeño espectáculo como este que fotografié el otro día en las Pesquerías Reales:

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Si buscáis estos bosques amarillos, os recomiendo: la Alameda, el paseo desde la aldea de la Pradera hacia las pesquerías, y los robledales que rodean el pantano de la Granja.

La gama más amplia la encontramos desde los colores anaranjados al salmón y, aunque son menos frecuentes… su viveza es insuperable: ¡sus colores casi duelen!

El mejor ejemplo es el del liquidambar, pero esta especie arbórea no es autóctona de Segovia y por tanto no la encontramos en nuestros bosques, quizás la reconozcáis en los paseos, algunos parques y jardines particulares.

En Segovia podemos encontrar:

-El espino albar: desperdigado por muchísimos lugares, por ejemplo en el Berrocal de Ortigosa del Monte, en la parte baja de los pinares de Valsaín… Nos deja hojitas como esta que descubrí el otro día:

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-Serbal de los cazadores: es un árbol solitario que quizás tengáis la suerte de descubrir escondido entre sus compañeros, cerca de algún arroyo o en algún valle. Mirad de cerca sus frutos naranjas, ¡podéis probarlos si queréis!

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-Rosal silvestre o escaramujo: no solo sus hojas son rojas y naranjas, también sus brillantes frutos contrastan con el resto del bosque, aunque estos solo pueden tomarse de una manera: se abren por la mitad, se quitan bien todos los pelillos y pepitas que contiene, et voilá!. Mirad:

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Por último, los más espectaculares y oníricos son los árboles que tornan sus hojas rojizas. Parece que hayan sido coloreados para una película romántica.

-Hayas: son un caso único, hay pocos hayedos en nuestra provincia, yo conozco el de la Pedrosa en Riofrío de Riaza y creédme que merece la pena. Aquí lo tenéis:

HayedoPedrosa-Prad0bHayedo de la Pedrosa

-Arce de Montpelier: forma bonitos bosques muchas veces alrededor de riachuelos, como es el caso de El Berrocal de Ortigosa del Monte.

-Cerezo Silvestre: los encontramos cerca de la montaña, en Valsaín y en la Granja, ¡no esperéis encontrar cerezas! Pero sí esta preciosidad:

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El mosaico ideal lo vais a descubrir en la ladera izquierda que cae sobre la Granja de San Ildefonso, es conocido como la Mata de la Sauca. O, si prefieres un paseo más tranquilo, los jardines del Palacio Real de la Granja te van a sorprender.

principal_blog_jardines_granja_segoviaJardines de la Granja

¿Te lo estás perdiendo? ¡Sal de casa! El otoño es de las estaciones más bellas y los veranillos de San Miguel y San Martín existen para que no nos lo perdamos.

 

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Comentarios

  1. Gonzaventuras
    Reply

    Muy bueno María.

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