Viaje al pasado: domingo segoviano de 1900.

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Viaje al pasado: domingo segoviano de 1900.

Yo siempre digo que el pasado es pasado y ya está, el futuro está para soñarlo y el presente…. ¡el presente es para bailar!

En realidad me costó bastante aprender a dejar el pasado en paz. Pero me gusta hablar de él, no lo puedo evitar. Por eso hoy os invito a hacer un pequeño viaje a un pasado cercano: a la Segovia de principios del siglo XX…

No ha amanecido aún. Suenan gallos, perros y el vocerío aislado de algún pastor guiando su rebaño. La luz azul se cuela por las rendijas de los tejados despertando poco a poco a los habitantes de la pequeña ciudad castellana de Segovia. Hace frío, pero pronto el sol calentará y hasta los caballos buscarán la sombra.

Hoy, como todos los demás domingos, hay mercado. Los más pobres y los más ricos se mezclan en las calles. Zapatos llenos de estiércol y pomposos vestidos negros negocian alimentos, joyas, vestimentas, herramientas y arte.

Pasean sin prisa y con ojos de lince los segovianos, por sus dos mercados más grandes: el de la Plaza Mayor, y el del Azoguejo.

El de la Plaza Mayor lo describe muy bien Gutiérrez Solana en su ”España Negra”:

En esta plaza encontraréis todo lo que os haga falta; si queréis comprar un anillo de plata para la criada, en seguida encontraréis una platería; mantas, trajes o abrigos, daréis inmediatamente con un almacén de telas o sastrerías, y si os queréis hacer un retrato, porque os habéis casado, en esta plaza daréis con fotógrafos modestos…”

foto (4)                                                              *Plaza Mayor de Segovia

Que además, añadió con cierto sarcasmo: ” Junto a los retratos de frailes y algunas monjas, de tantas iglesias y conventos que hay en Segovia, se ven los de los canónigos, con su capucha negra y el vientre adornado con muchos borlones…éstos han pasado todo el día comiendo y por la tarde se van a la catedral a sentarse en buenos sillones y a dar berridos”

El ajetreado mercado del acueducto también parece interesante según nos cuenta Gómez de la Serna en ”El Secreto del Acueducto”:

Pasaban por debajo de sus puertas (las del Acueducto), más carros de los que él podía imaginarse, muchos que venían a pagar la renta, otros a vender, todos con sus letreros en que ponía el pueblo y el número del carro en su matrícula, Encinillas, número 13… Perogordo, 18…Era el día de gran fiesta del Azoguejo y del Acueducto. Los domingos tenía cierta fiesta a sus pies. Le alegraba el mercado… todas las cosillas tiradas por el suelo cual futesas humanas… cacharros vidriados…vendedores de estampas… ¡moscatel!, gritaba otro… pasaba el ajero con su colleras llenas de cascabeles de los ajos… montones de sandías… “

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*Carros de carga. Acueducto de Segovia

Él también se fijó, como nosotros, en los detalles ocultos:

“Se veía a los que merodean los mercados y vuelven la cabeza y miran a las mujeres que enseñan mucho las piernas al inclinarse… los donjuanes de los mercados, que son de segunda clase, piensan que se van a poder llevar la mejor doncella del mercado, pero se llevan chasco, porque a esa hora la mujer está muy despierta…constantemente, con la ansiedad del mercado, entraban más mercaderes y labriegos que nunca por las puertas del Acueducto”

A media mañana repiquetean las campanas. Las calles se vacían, todos van a la iglesia. Las mujeres se tapan, los hombres endurecen su rostro. Alguna monja rezagada corretea divertida. Los curas y monjes preparan sus cánticos, lecturas y cestillos. Dios se lo da todo a todos. Dios es el centro de la sociedad española.

Todos rezan por sus vidas y por las vidas de los que les rodean. Por el trigo y los animales.

Mientras, Castilla se define como un imperio en decadencia, está perdiendo el esplendor y el poder de su pasado anterior. Ya no es tierra de reyes.

segovia*Detalle de una fotografía del gran Gervais Courtellemont

El mundo eran París, Madrid y Buenos Aires, lo cosmopolita y lo industrial habían destronado a la agricultura y la vida en el campo. Segovia aún está muy lejos de los rascacielos y las avenidas por lo que queda marginada de cualquier lujo.

Nos cuenta Gómez de la Serna que la ciudad estaba llena de gatos esmirriados que eran un reflejo de su pobreza. Y poniéndose un poco trágico añade “los edificios de gran capacidad bajo inmensas techumbres y junto a torres inauditas están llenos de vacío, de un vacío tan atroz, que si en las noches maúlla un gato, su maullido llena como el rugido de un león y una voz humana es como voz frailuna de predicador estentóreo hablando del Apocalipsis…”

Se habla de ella como el fantasma andrajoso de una Castilla heroica. Una ciudad muerta y oscura.

Terminan las misas y a la salida de las Iglesias se arremolinan las gentes, es un ritual social, es la hora de contar las novedades, de comentar los cambios, las muertes, los nacimientos, los amores: es el centro de conversación de la ciudad.

Los cafés se llenan de burgueses, los jóvenes militares recién llegados a nuestra academia de artillería pasean apuestos con sus uniformes, los pobres piden, los niños juegan en el suelo. La ciudad ha perdido su oro pero sigue viva.

Hace no mucho que ha llegado la luz eléctrica desde Europa: una magia todavía oscura para algunos. Las bombillas eran un tesoro codiciado, igual que el agua del nuevo sistema de cañerías en verano, decía un cartel en la Plaza Mayor: prohibido hacer agua bajo multa de 1 ducado. Las gentes se sentían intimidadas por las nuevas tecnologías, por la velocidad del ferrocarril. “… la apatía de un pueblo asustadizo, enemigo de cualquier innovación…” decía Felix Gila. Bajo los pañuelos negros al cuello y las boinas reina el miedo por lo desconocido, es una población que se centra en sobrevivir de amanecer a ocaso.

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*Antigua estación de trenes de Segovia

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*Ferrocarril Segovia-Medina del Campo en el Puente de Hierro

El medio día encierra a todos bajo el fresco de sus techos. Cuenta Gómez de la Serna: “Por las tejas se nota la divina pobreza de esta ciudad. No hay tejas sanas. Todas están rotas, fuera de su sitio. Son ya tejas pardas, oscuras, ceñudas. Es como si la ciudad enseñase sus medias suelas rotas”. Los que pueden comen y luego duermen, los que no tienen para comer, solo duermen.

Es un día más del caluroso verano. A Baroja tampoco le gustó especialmente nuestra Segovia de 1900: “Hacia un calor pegajoso; rezongueaban los moscardones y las abejas; algunos lagartos amarillos corrían por entre las piedras. Del claustro, por un pasillo, salió a un patio con corredores de una casa que debía estar adosada al monasterio; unas cuantas viejas negruzcas charlaban sentadas en el suelo; dos o tres dormían con la boca abierta”.

Cuando han pasado las peores horas de calor los niños se espantan las moscas y vuelven a salir. Las mujeres se juntan, todos retoman sus labores. Los barberos, los sastres y las modistas dan vida a los locales de la ciudad. Mirad como posa de castellano en esta fotografía coloreada un comerciante de vinos:

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A las afueras los jornaleros, pastores y agricultores se queman bajo el sol aún alto, tragan polvo. Mueven el ganado a pastos nuevos, a lugares seguros para pasar la noche, buscan la sombra fuera de las murallas.

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*Acueducto de Segovia a su paso por el Azoguejo.

Al ocaso la ciudad se apaga. Apenas hay lámparas ni aceras. Los segovianos se recogen en sus casas, agotados, sucios de las fábricas y el campo, del trajín del dinero y el pan. La jornada termina como empezó: la luz azulada de la noche lo inunda todo, solo se oyen los perros, las aves y el vocerío de algún pastor rezagado resguardando su rebaño.

Despedimos este domingo de principios del siglo XX. Despedimos a esta Segovia tan reciente y diferente al mismo tiempo. Una ciudad un poco triste y enferma quizás, pero que, como nosotros sabemos con solo mirarla: ha recuperado todo su brillo y grandeza.

Ya a lo largo del siglo XX se hicieron grandes reformas urbanísticas que, entre otras cosas, supusieron la eliminación de muchas zonas peligrosas de la ciudad en las que se concentraban la enfermedad y el crimen. Pero eso ya es otro viaje. 😉

Para terminar, os dejo esta fotografía que nos muestra un sorprendente rincón que ha cambiado muchísimo pero que seguramente reconozcáis:

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Un saludo lectores! Hasta el próximo miércoles.

 

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